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Kilómetro cero de Madrid en la Puerta del Sol, el Punto 0

Kilómetro 0 en Puerta del Sol de Madrid
Kilómetro cero de Madrid en la Puerta del Sol, el Punto 0
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Puerta del Sol en MadridKilómetro 0 en la Puerta del Sol en Madrid

La ciudad de Madrid ofrece a quienes la visitan un monumento al que se puede pisar, sobre el que se puede saltar y hasta, si hay ánimo para ello, bailar. Y lo mejor, hasta puede tener su gracia y a uno lo pueden jalear para ir a más con el tema.

No, no es una atracción, no, no es parte de un parque temático cañero. Es un lugar del que muchos se llevan una fotografía con estilo, los más, un selfie. Es un sitio que nos sirve para certificar que de verdad hemos estado en Madrid, porque, en su género, no hay otro igual.

El monumento es un hito, muy señalado, nunca mejor dicho. Se trata de la placa y baldosa que marcan en el suelo el kilómetro cero de las carreteras radiales de España. Sí, en la Puerta del Sol, el lugar desde donde suenan y resuenan las campanadas que anuncian el glamuroso fin de año televisivo español. El punto, que dicen exacto, que es el centro de España, el Kilometro Cero Madrid KM 0.

Kilometro cero Madrid KM 0 en la Puerta del Sol

Pero no, hay mucho pero que mucho mito urbano en todo éso. No pasa mucho tiempo de que surjan ‘teorías de la conspiración’ que intentan explicar la verdad del punto kilométrico madrileño y le buscan otra ubicación más verdadera. La última y la más auténtica.

Así, hay madrileños que han corrido la voz de que el vértice no debería estar en la Puerta del Sol de Madrid, sino entre las calles de Serrano y Goya, tal vez para ofrecer un aliciente más a la actividad comercial en la zona.

Geometría madrileña y  el Kilómetro cero

Los descubridores más preparados apuestan fuerte tiran de geometría para lanzar el punto cero sobre el Cerro de los Ángeles a diez kilómetros de la Puerta del Sol, al sur de Madrid y a 666 metros sobre el nivel del mar. Un número que también podría traer, por qué no, una teoría conspirativa más, por aquello que es el guarismo que representa al Diablo.

Hay quien sigue en las mismas y lo cree perdido detrás del Museo del Prado, curiosamente enmedio de la Milla de Oro de los centros de exposiciones permanentes de la capital. Una teoría que apoya la versión de la situación, como cruz y raya fijo, en Goya-Serrano, ¡qué casualidad!

Pero dejemos que hable la historia y que apunte un veredicto sobre el tema. La designación del kilómetro cero en Madrid nada tiene que ver con equidistancias de territorio patrio, simplemente fue el lugar más central -y por qué no decirlo, algo arbitrario- en el que se decidió marcar un punto de partida para seis vias principales, las primeras ‘carreteras’ nacionales.

Con ese referencia de partida, se podía cuantificar distancias. Reinaba Felipe V, un rey reformador, que hizo camino al andar con la modernidad. En aquellos tiempos no se habían normalizado los kilómetros, las distancias se medían en leguas (terrestres) castellanas. Por tanto, para ser más exactos, el lugar debería conocerse como ‘legua cero’.

Por cierto, las carreteras radiales siguen ahí, más o menos, sobre el plan viario español. Si no, veamos: camino de La Coruña, camino de Cádiz, una vía al Norte, al Cantábrico y San Sebastián junto a la frontera francesa, el camino de Barcelona y la frontera gala por Port Bou, el de Portugal vía Badajoz, y, por último, el de Valencia al este. Seis rutas seis.

El Kilómetro Cero como símbolo del centralismo

En tiempos de la Dictadura, de reivindicaciones centralistas, de Estado fuerte y aleccionador sobre buenas prácticas y mejores costumbres, el tema del kilómetro cero de Madrid se puso de moda. Se hizo popular.

Tanto, como para que las autoridades de la España de 1950 se esmeraran por dejar una huella en forma de placa metálica en la acera de la Puerta del Sol. Una medida educativa y estética para sacralizar un centro de Madrid que rezumaba un fuerte olor a ideología.

Con ese detalle subliminal de marcar el kilómetro cero en Madrid, se apostó por señalar aún más el papel de Madrid como ciudad de gobierno absoluto. Un lugar desde el que hacer partir órdenes y gobierno con una ideología que intentaba atar todo lo atable y todo lo que se pudiera mover.

Hay algún investigador que ha ido a buscar el origen de esto de marcar los kilómetros ceros a casa de los romanos antiguos. Se dice que en el Foro de Roma había un hito miliar que señalaba el comienzo de las vías romanas desde la vega del Tiber hasta los confines de las provincias. En tiempos del emperador César Augusto, la llamaban ‘la milliarium aureum’ y se situaba cerca del Templo de Saturno. Desde ese hito, se marcaban todos los caminos que conducían a Roma.

Renovación de la placa del Kilometro Cero en Madrid

Sin embargo, la placa que luce hoy la Puerta del Sol no es la original, tantas pisadas, tantos bailes sobre ella, la desgastaron de tal modo que en 2009 se decidió reemplazarla por otra similiar de brillos broncíneos e inserciones metálicas tan coloristas como llamativas.

La baldosa representa los mapas de España, Portugal y algo de Francia, también se puede ver el escudo del escudo de los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, con los detalles de un puente, un canal y un ancla y para rematar, una hoja de palma y otra de roble.

Se puede poner en duda el valor del vértice, de su papel como cero de las carreteras o cuestionarse su misión propagandística heredera de otros tiempos totalitarios, pero lo que no se puede poner en duda es el valor de una utilidad clave que se puede comprobar. Y es que el kilómetro cero sirve de referencia para arrancar la numeración de las calles de Madrid que salen del lugar también en configuración radial.

Y no hace falta saber mucho de caminos, carreteras y de otras ingenierías para entender el notable ingenio que supone mantener una placa con forma de losa que brilla con cualquier luz como un icono inamovible de la ciudad de Madrid. En exclusiva.

Sólo hay que ver cómo se llegan a formar colas o se solapan los fotografiados, por ejemplo, un quince de agosto.Un lugar en el que hacerse una foto es una experiencia en sí misma. Una experiencia que los turistas que acuden a Madrid saben donde encontrar. Sí, donde los cuentakilómetros se ponen a cero.